Demasiada agua en mi chocolate.

Té del día: Un chocolate caliente (pero de leche)

Galletas: Bolillo para acompañar

Ah, realismo mágico. No eres tú, soy yo. O tal vez no.

Desde hace tiempo que tengo un pequeño dilema personal, podría decirse de identidad cultural. Siempre disfruté mis clases de literatura pues eran una fuente muy confiable de títulos de libros y nombres de autores que después aproveché. Pero al llegar a la literatura en español (en especial la mexicana) simplemente no me podía bajar por la garganta.

Llámenme malinchista, o demasiado influenciada por las culturas extranjeras, no sé. Simplemente no.

Lo he intentado, de verdad que sí. Hace poco, entre una idea de proyectos y que adquirí un Kindle (oh hermoso, después hablo más de eso), decidí leer “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel.

Tenía ganas de leer algo en español, mexicano, con una mujer protagonista, y de paso que hablara de algo agradable (en este caso de comida.) Debo decir que al principio estaba siendo sorprendentemente entretenido. El libro está estructurado como un recetario; cada capítulo es el título de alguna receta típica mexicana, los ingredientes, y el modo de preparación, que va casualmente mencionado entre la historia de Tita y cómo el platillo influye en su vida.

Tengo sentimientos encontrados con este libro: por un lado la manera en que es contada la historia me agradó mucho, y hay varios personajes interesantes. Por otro lado, ¿En verdad son necesarios sus elementos “mágicos”? Me hacen sentir momentos “What the fuck am I reading?” más que otra cosa.

Hay una parte en la que Tita, enojada, parte un pan en pedacitos diminutos y se los lanza a las gallinas. Éstas se pelean el pan y comienzan a sacarse los ojos unas a otras (ahí va mi ornitofobia…) y después se pelean de tal forma que forman un remolino, levantando la tierra y llevándose las cosas de patio, hasta a la misma Tita y finalmente hacen un agujero por el que “la tierra se las traga” dejando sólo una gallina medio desplumada y ciega. Tita se va preocupada por las plumas con las que se quedó a bañarse y arreglarse para la cena de más tarde.

No me lo tomen a mal, no sé como es que puedo aceptar con tanta alegría la ciencia ficción y otras cosas más fantásticas que esas, pero simplemente el hecho de que las intercale con realidad cruda y dolorosa como la mayoría de los relatos mexicanos, y la revolución y la comida típica, se vuelve todo muy confuso e incluso algo desagradable.

Sé que esta novela fue muy aclamada, y probablemente estoy diciendo muchas tonterías, pero es cierto que al menos me mantuvo enganchada y le doy mérito por eso, con todo y que mientras más leía menos me convencía. Y también cierto que tengo atesorada una antología de cuentos de Ciencia Ficción Mexicana, así que no todo está perdido para mí.

Supongo que prefiero mi chocolate con leche (lo que sea que eso signifique)

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